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jueves, 20 de noviembre de 2014

La "Caverna tonta", una visión actual del mito de Platón

Cualquiera que conozca algo sobre la filosofía de Platón conocerá seguro su famoso mito de “La Caverna”. Desde que fuese escrito en el libro VII de “La República” se han hecho numerosas  interpretaciones de este texto pero posiblemente la más evidente sea la que lo relaciona directamente con la televisión. Sustituyamos la pared de la caverna en la que se proyectan las sombras de lo que hay en el exterior por una pantalla. Una vez hecho esto, las sombras proyectadas sobre esa pared sustituyámoslas por  información manipulada, con la cual se nos bombardea con noticias, datos y estadísticas nefastas con el único de fin de provocarnos miedo y tenernos donde ellos quieren: encerrados en casa sin salir por miedo a que nos ocurra lo mismo que hemos visto, igual que los prisioneros en la caverna tenían miedo a esos “seres” del exterior.

Gran número de personas viven con miedo al mundo que les rodea por culpa de haber estado sometidos durante años y años a este tipo de información.  Para ellos esta información es la única verdad que existe, es decir, pertenecen a lo que se conoce como “el mundo sensible”, aquel que se conoce por medio de los sentidos, más concretamente, a través de dos de ellos: la vista y el oído.
 Pero no todo el mundo pertenece a este gran grupo que vive con miedo. Una pequeña parte no está atrapada en esa espiral de pesimismo, por una sencilla razón: no solo se limitan a ver la televisión,  sino que se dedican a investigar por su cuenta las cuestiones del mundo y  así poder obtener una segunda opinión, que en muchos casos puede ser bastante distinta a la que nos cuenta la “caja tonta”. Solo la filosofía y un pensamiento crítico pueden liberarnos de la caverna en la que estamos apresados sin darnos cuenta día tras día.  Es por ello por lo que estas personas no tienen miedo a salir, sino todo lo contrario: tienen miedo a quedarse en casa y a terminar como esa gente que se dedica a vivir con miedo. Este grupo de personas, que buscan segundas opiniones y otro punto de vista, pertenecen al conocido como mundo inteligible, al que se accede gracias a la razón. La razón que motiva a estas personas a salir y buscar otro tipo de respuestas es muy sencilla, pues se trata simplemente de recordar nuestra esencia humana.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que un individuo pertenece a uno de los grupos  que se dedica todos los días a ver el  mismos informativos. Un día unos de esos individuos acaba harto y decide investigar por su propia cuenta en otro medio distinto a la televisión un asunto que le trae de cabeza. Cuando lo hace, queda aterrado por lo que acaba de descubrir y decide volver al grupo para exponer lo que ha descubierto, los integrantes  -al escuchar lo que dice- se ríen de él puesto que para ellos  es simplemente un loco o alguien que se ha dejado influir por otra fuente de información que no es nada fiable para ellos, ya que solo confían en lo que ven (o  en lo que ellos quieren que vean).

Esto es básicamente lo que se dice en el mito, la llegada de una persona que rompe con las ideas que ya tenía el grupo y que lo desmonta totalmente, tanto que lo toman por loco. La idea que hay detrás puede ser básicamente la de ayudar a los hombres a llegar a la verdad y mostrarnos como los seres humanos a menudo tendemos a engañarnos a nosotros mismos.

martes, 18 de noviembre de 2014

Los ignorantes y los intelectuales

Mares de tinta se han vertido sobre la interpretación del mito de la caverna, y supongo que lo conocéis de sobra, se pueden sacar varias claves, unas más visibles y otras más profundas, pero una de las cosas que llama la atención es la idea de los dos mundos; Mundo Inteligible o de las Ideas y el Mundo Sensible el cual lo tomamos como el lugar donde vivimos. Nos equivocamos, tenemos miedo de lo que puede significar lo verdadero, y giramos la cabeza para no entender. Vivimos encantados con nuestra vida no queremos preocupaciones y, sobretodo, negamos que nos iluminen por temor a conocer lo que verdaderamente es real, a que nos arrebaten los ideales que hemos obtenido y nos han enseñado a lo largo de nuestra patética vida.

 Pero existen atrevidos que con valor se adentran en este desconocido territorio inexplorado que tan pocos saben de él y los que oyen de este no quieren atender a razones cuando estos valientes vuelven del nuevo Mundo con la valiosa información obtenida. Día tras día, momento tras momento, en la historia de nuestro mundo sucede este acontecimiento y los tachamos de locos trastornados, da igual la época o la civilización, no cambies lo que se ha sabido siempre.

Pobre lo ocurrido a Galileo Galilei, quemado después de ser acusado de hereje, simplemente por mostrar los conocimientos que  le fueron mostrados y la Inquisición no quiso escuchar ya que pensarían:
 -¿Para qué cambiar lo que hemos creído siglos y siglos de nuestras creencias? ¿Qué ganábamos con  cambiar nuestra idea? ¿Con que objetivo? Si estamos bien con nuestros pensamientos. ¿Para qué decirle a la gente la verdad de lo real si solo nos perjudicaría en nuestra honra y el conocimiento el cual tenemos a lo existente ocurrido de todo lo que nos rodea en este mismo instante?.

Ejemplos muchos, cambios en la idea de estos mundos pocos, por no decir ninguno. En la mayoría de estos logros se puede hacer entender como máximo una visión distinta y explicándola con pelos y señales, ¡pero cuidado! no intentes hacerles entender el otro mundo porque solo los afortunados y capacitados para ello tienen el derecho y capricho de llegar hasta semejante fuente.

lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre noches de nostalgia, lobos y gorriones que observan

Qué noches aquellas en las que un viejo, clásico, retraído griego observaba el mundo como un padre observa a un hijo travieso. Se daba cuenta de sus errores, de que no era perfecto, de que de hecho no era ni bonito, ni agradable, ni feliz, ni justo. Y como cualquier buen científico haría cuando se enfrenta a un problema, lo analizó, lo estudió exhaustivamente, y dio con la clave para que su travieso, malvado, e injusto hijo (o mundo) se convirtiera en lo que (a sus ojos) era lo mejor.

La gente no es mala, solo ignorante. El mal solo es la ausencia del bien, actuar sin tener claro lo que es mejor para ti, para el pueblo, para todos. De esta forma si la gente es ignorante, no se puede confiar en ella. Cuando construimos un edificio, no sometemos a votación entre todos como vamos a hacerlo, sino que designamos la labor en el arquitecto. Cuando alguien enferma, no discutimos entre todos el tratamiento, sino que apostamos por la decisión del médico. ¿Por qué cuando se trata de lo más importante de todo, que es el bien del país y las leyes que son adecuadas para la convivencia entre los ciudadanos, dejamos que todo el mundo opine y nos sometemos a la mayoría y no llamamos a aquél que sabe? Alguien que tenga bien clara la verdadera idea del bien y de justicia. Que gobiernen ''aquellos hombres de naturaleza mejor dotada''.

Pero aquellas noches ya pasaron, y ahora el gobierno de un país es llevado a cabo por una panda de rufianes y estafadores que roban al pueblo y utilizan el poder en su propio beneficio. Ignorantes, diría nuestro viejo griego. Pero quizá los verdaderos ''hombres de naturaleza mejor dotada'', son estos malvados que nos gobiernan. Aquellos que han conseguido llegar a lo más alto, no por conocer mejor la idea del bien, sino por falta de escrúpulos y demasiada ambición. Quizá es verdad que estamos condenados a comernos los unos a los otros, como esos lobos pútridos y tenebrosos de los cuentos que se comen a los ignorantes y desdichados corderos mientras estos últimos intentan atiborrarse de hierba, a la vez que ''aquellos hombres de naturaleza mejor dotada'' observan como gorriones en las ramas de un árbol, un mundo cruel, oscuro, malvado, el cual no tiene solución, el cual solo ellos ven como realmente es, en el cual han sido condenados a vivir. Por desgracia, quizá la naturaleza no quiere que el lobo se haga vegetariano, y tampoco ilumina al cordero para que se dé cuenta de su situación, ni tan siquiera le da valentía al gorrión para que luche por cambiar las cosas. Quizá si nuestro viejo griego levantara la cabeza, se la volaría.